miércoles, 6 de octubre de 2010

La tarea

Hoy no tengo ganas de hacer la tarea. La seño nos dió muchas cuentas, además de la narración de lengua, ¡ah! y lo de sociales. Yo no entiendo por qué tanto. Mi mamá me dice que cuando vaya a la facultad me van a hacer estudiar muchísimo más que ahora. Pero para eso falta... además, ¿para ser escritora de debe ir a la facultad? Mi mamá dice que sí.
Yo sueño con llevar mis libros por todo el planeta. Que todos los lean y se emocionen...

miércoles, 22 de septiembre de 2010

El perro

Flaco, un poco desgarbado, del tamaño de un ternero, las patas largas que apenas tocaban el suelo como si flotara lentamente. Negro como el azabache, su cuerpo contrastaba con unos ojos azules y profundos. Caminaba como si diera sus últimos pasos cruzando un camino de tierra por el que pasaban pocos autos, entre ellos, el nuestro. No sé si me pareció o verdaderamente me miró y sentí una conexión especial, como si me estuviera tratando de transmitir un mensaje, algo que tenía que ver con la vida y con la muerte. Seguimos. Oscar con los ojos fijos en el camino y las manos firmes en el volante, yo con la mirada perdida y la atención puesta en descifrar ese mensaje ¿Sería un mal augurio?
Había algo de fantasmagórico en ese animal que me llevó a pensar que tal vez había sido una ilusión, producto de la modorra del domingo. Su pelaje negro me había parecido translúcido y no me dejaba pensar en otra cosa que no fuera el mensaje, una posible señal que no podía interpretar.
-¿Paramos acá?- dijo Oscar
- Pero el perro…- dije. ¿Estaba allí de verdad? ¿Vos lo viste?
- ¿Qué perro? No sé de qué me estás hablando.
- Quiero volver.
- ¿A dónde? ¡Si recién llegamos!
- Al lugar donde estaba el perro.
- ¡No sé de qué me hablás! Mirá, acabamos de llegar y yo no voy a volver para atrás porque querés ver un perro. Tengo mucha hambre. Por allá veo un restaurante que todavía está abierto. Vamos.
- Necesito volver – insistí. Dale, manejo yo, es un kilómetro como mucho.
De algún modo lo convencí y volvimos hacia atrás, hasta el cruce del camino con la ruta.
Recorrí con la vista todo el camino, pero no encontré ni un rastro del perro. Bajamos del auto.
-¡Acá está! –gritó Oscar y a mí me corrió un frío por toda la espalda, mientras él caminaba hacia mí con un cachorrito negro, de tamaño pequeño.
- Mirá los ojos hermosos que tiene. Son del color del cielo ¡Con razón querías volver! ¡Lo llevamos a casa! Pobrecito, no hay nadie por aquí, ¡mirá si lo atropella un auto!
Yo no pude decir absolutamente nada. No me salía ni una palabra ¿Qué habría pasado con el otro perro?
Hace 3 meses que tenemos a Niko. Cada vez que me mira yo trato de descifrar el mensaje, pero nada.